Es muy curioso ver como la gran mayoría de personas que llegan a mi quieren sanar, empoderarse y entender lo que la vida les quiere decir, pero no dejan de huir de sentir. Cuando te duele la cabeza, pastilla. Cuando hay una situación que te incomoda, ir a correr. Cuando tienes un conflicto con alguien, buscas quien valide tu victimismo. Una y otra vez, sin darte cuenta eliges huir y cuando uno huye de sentir, se priva saber lo que ese dolor viene a decirle.
Nada de lo que experimentas en este plano es casualidad y todo tiene un para qué. La razón por la que tu cuerpo llega a somatizarlo es porque no paras a tiempo y no te permites conectar con ese dolor.
Recuerdo hace nada haber pasado a nivel laboral por una etapa realmente dura. El típico golpe de realidad. Me había hecho una idea en la cabeza y sucedió totalmente lo contrario. Probé de todo, pagué a personas externas para lograr eso que pensaba que debía suceder, cada noche cada día pensando qué estaba haciendo mal para que no ese cumpliesen mis expectativas. Tras más de un mes y sintiéndome agotada de sentir esa ansiedad me pregunte: Y si a lo mejor lo que tiene que suceder es justo lo que sucede y sólo voy a entender para qué cuando lo acepte. En ese mismo momento cancelé la ayuda profesional externa, simplemente agradecí todo lo que tengo y seguí miando hacia adelante. Como por arte de magia el problema se soluciono y todo empezó a fluir.
Obviamente no fue magia o bueno sí, la magia de aceptar no saber lo que necesitas que suceda. Aprendí algo muy valioso: las expectativas ahogan y no te permiten ver todo aquello que ya forma parte de ti . Por lo que: doy gracias a la vida por estar donde estoy y ser quien soy.
